La bendición de la tierra (Letras Nórdica)

La bendición de la tierra (Letras Nórdica)

Knut Hamsun

Language:

Pages: 250

ISBN: 2:00367876

Format: PDF / Kindle (mobi) / ePub


Aclamado por Isaac Bashevis Singer como «el padre de la literatura moderna», Knut Hamsun inspiró, de hecho, a autores de la talla de Thomas Mann, Maksim Gorki, Franz Kafka y Hermann Hesse, y se hizo merecedor del Premio Nobel de Literatura en 1920 por La bendición de la tierra, «una obra monumental» en palabras de la Academia Sueca.

Esta novela, de una insuperable precisión expresiva, narra la historia de Isak, un hombre de campo, grande y fuerte, y de su mujer, Inger. Ambos, con su trabajo y fuerza de voluntad, se abren camino en una tierra que, en principio, les es hostil. Trabajan de sol a sol, cuidan de sus hijos y tratan de hacer lo correcto.

Hamsun, en este canto a la vida rural y a esos primeros colonos que, con su esfuerzo, poblaron Noruega, critica el progreso, a la vez que idealiza la vida en contacto con la naturaleza y con esa tierra que, para él, es la base de la fuerza del hombre.

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miedo? Por fin consiguió introducir la punta de la barra, pero la piedra ni se movió. Técnicamente no había nada que criticar en sus movimientos, pero su método no funcionaba. �Qué era aquello? �No había levantado muchas piedras como esa? �Se había hecho viejo? Curioso, ja, ja, ja. Ridículo. Bien era verdad que poco antes había notado señales de que su fuerza iba mermando, o mejor dicho, no se había dado cuenta y no se había preocupado, pues era pura imaginación. Y se lanzó de nuevo sobre la

entrañas naciera con labio leporino. Y �no había sido Oline la que le había enviado la liebre? El comisario no sabía nada de eso y no quiso anotar en su protocolo tales inventos y supersticiones. —Mi madre vio una liebre cuando estaba encinta de mí —dijo Inger. El granero estaba terminado. Era un recinto espacioso con un almacén a cada lado y un suelo para trillar en el centro. Se vaciaron la choza y los demás lugares provisionales, y el heno se llevó al granero, se segaron los cereales, los

quien empezó las relaciones con Os-Anders! Brillante respuesta. Isak tuvo que darse por vencido como tantas otras veces. Oline insistió: —¿Y pretendes que vaya descalza cuando llegue el invierno, privada de unos zapatos como Dios manda? Si es así, dímelo. Hace tres o incluso cuatro semanas ya mencioné lo de los zapatos, pero no veo ni rastro de ellos, y sigo igual que antes. Isak preguntó: —¿Y qué les pasa a tus zuecos para que no los uses? —¿Que qué les pasa? —pregunta Oline, desconcertada.

infeliz y un hogar abandonado». �No creo que haga falta recabar más declaraciones o informes de su pueblo natal», dijo el director. �Usted la conoce, �no?». Comprendí que todo debería hacerse de un modo discreto y contesté: �Pedir más informes a su pueblo no haría más que retrasar el asunto». —Ya te he contado la historia entera, Isak. Geissler miró su reloj: —¡Y ahora, al grano! �Podrías acompañarme otra vez al monte de cobre? Isak era una piedra, un leño, incapaz de cambiar de tema tan de

era tan joven como Gustaf, nadie era como él. —¡Hjalmar no! —replica Inger con desprecio. Pero de repente recapacita y, queriendo provocar a Gustaf, dice: —Sí, es verdad, Hjalmar no está mal. Y canta muy bien. —¡Un muchacho excelente! —señaló Gustaf sin dejarse provocar. —Pero �por qué no te quedas esta noche? —No, entonces me quedaría sin compañeros de viaje. Gustaf estaría cansado ya. Había sido magnífico conquistarla ante las narices de todos sus compañeros y disfrutar de ello durante el par

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